¿Quiénes Somos? EscríbenosCorrespondenciaISSN 1729-3812
Portada 
Noticias anteriores 

Sugerimos…

Con la FMC

Protagonista

Quehaceres

Criterios

Reflexiones

Hablemos francamente

Mamá y Papá quieren saber

Familia

Salud

Cultura

Deportes

Globalicemos la solidaridad

La mujer en el mundo

Mujeres con historia

Eventos

Mil ideas

Comer y beber a la cubana

La página verde

<< English version >>


Del 2 al 8 de septiembre de 2010Galería de FotosDossier Especial
No. 21 



Yaíma Orozco


TROVADAS EN FEMENINO



Entrevista Yaíma Orozco

Yaíma Orozco parece una canción. Una de esas canciones hechas para la madrugada y el susurro: Un acorde de bolero o de filin; un sonido para hacer poesía; la primera nota de una serenata.

 

A primera vista, uno se tropieza una muchacha menuda, casi niña en sus gestos y ademanes. Sin embargo habría que verla en plena llamarada nocturna, cuando los acordes de la trova se adueñan de cada uno de los rincones de ese templo de la cultura que es El Mejunje, en la ciudad de Santa Clara. Entonces su voz se suma a la de los trovadores de esas tierras; se vuelve también disparo y viaje; crece, madura, se entrega, y toda la supuesta fragilidad se rompe en un vivaz aleteo de su cantar, en pura y adulta energía.

 

Distinta luce sin embargo cuando hace sus propios temas. Aunque todavía casi está de estreno como compositora, ya se percibe que hay mucha hondura y madurez por aflorar en esas canciones que fluyen, aparentemente tranquilas. Y ese lago que lucen ser hasta ahora sus creaciones, de seguro lleva profundas y agitadas corrientes debajo de la superficie. Aguas y llamas que saldrán poco a poco a flote.

 

A pesar de sus 25 años y de su licenciatura en Educación Musical, todavía se le asoma la timidez ante las entrevistas. Mientras preparo mis preguntas me entero además de que se graduó hace un par de años y  trabaja como profesora de Guitarra y de Apreciación Musical en la Escuela de Instructores de Arte de la ciudad de Santa Clara.

Entonces me dice que prefiere cantar a contestar cuestionarios periodísticos y con la promesa de que podrá hacerlo luego, mientras esperamos la aparición de una guitarra, comienzo la ronda de signos de interrogación:

 

¿Cómo descubriste que hacías canciones?

 

A mí siempre me gustó la trova. Hace como dos años me salió un día una canción, casi sin querer. Yo digo que no me lo propuse. Estaba sentada en el parque, enamorada, y me salió. Después, un tiempo después, se la enseñé al trovador Alain Garrido, de aquí de Santa Clara, y me dijo que estaba muy bien, que siguiera haciendo cosas. Y luego me han ido saliendo algunas otras canciones, con más calma.

 

¿Por qué tu interés en ser trovadora?

 

Me gusta la idea de la mujer sentada con la guitarra, en la escena. Me gustan las cosas tranquilas y ese poder para decir  de algún modo lo que siento. Adoro cantar; así, suave; me gusta mucho cantar. Aunque me veas en El Mejunje un poco más viva, más fuerte cantando o haciendo coros, esas son otras facetas.

 

¿Influencias?

 

Me atrae mucho el trabajo de algunos artistas de la trova, en especial Pablo Milanés y Liuba María Hevia. Creo que si un día pudiera hacer un grupo de músicos quisiera que fuera semejante al trabajo de Liuba. Algo con violín o con cello pues me gustan mucho esos instrumentos. Igual me atrae la música brasileña. Con la trova me pasa que tiene la virtud de decir muchas cosas; pero lo prefiero hacer un poco más sencillo, de manera que llegue, que trasmita y que las personas lo entiendan directamente. Por ejemplo, lo que se le diría a la persona que uno quiere.

 

Habitualmente fueron las mujeres, por lo general, las destinatarias de muchas canciones trovadorescas. ¿Cómo sientes el cruce a la orilla de poder ser tú quien regale, dedique canciones?

 

Veo como algo muy natural que las mujeres puedan también dedicar canciones y hacer canciones. Y no me parece que haya diferencias entre la manera de componer las mujeres y los hombres. Al final somos todos seres humanos: Queremos, amamos, apreciamos lo bello, tenemos amistades... Por ahí están las motivaciones para componer, para escribir.

 

El mundo trovadoresco ha sido, hasta ahora, de mayoría masculina.

¿Cómo te ha ido en un gremio así?

 

No me costó mucho trabajo entrar al mundo de los trovadores de aquí de Santa Clara. Aunque al principio decidirme me fue algo difícil; me era un poco incómodo porque soy la única trovadora aquí. Pero ahora soy como la niña del grupo pues todos me cuidan, me miman, me quieren mucho. Una se siente protegida y es muy lindo. Me hace bien sentirme así.

 

¿Qué es para ti la guitarra?

 

¡Imagínate! La guitarra es como si fuera un pedazo de una misma. Como mi brazo... Y sin guitarra no hay canción.

 

¿Sientes alguna cercanía por la obra de otras trovadoras?

 

Me atrae mucho María Teresa Vera y tengo música de ella. A pesar de que su época es muy distinta, ella tiene una manera muy directa de decir en sus canciones. Yo prefiero no estar dándole muchas vueltas a un asunto y me agrada su modo de hacerlo. Y una se da cuenta escuchándola que hay muchas formas de expresar algo bonito y ese decir así, directo, me llega mucho. También me gusta muchísimo Yamira Díaz, que es más de esta generación. Y bueno, Sara González, Miriam Ramos... también de ellas he escuchado cosas que me parecen muy buenas.

Justo entonces aparece la esperada guitarra. Y qué mejor fin para una entrevista a una trovadora que escuchar sus canciones. Y aunque el periodismo no incluye del todo la vocación de profeta, mientras Yaíma reclama desde sus versos un beso con sabor a llovizna, la flor de la canción o los secretos de un olor, con señales y abrazos, es fácil percibir que el futuro también se sienta entre nosotros, callado y sonriente, a escuchar estas trovadas en femenino. 

 




 



Publicado: 26/1/2006

EscribenosCorrespondenciaGalería de FotosDossier Especial