“La constancia no está en empezar, sino en
perseverar”.
Leonardo da Vinci.
“Si bien me desempeño básicamente como
editora de Cubaliteraria, yo no he
dejado de ser psicóloga (me parece que a usted le ocurre algo parecido, ¿no es
así, colega?)”, fue la respuesta rápida y concisa que me dio la licenciada
Sandra Álvarez Ramírez, cuando le propuse entrevistarla para la revista Mujeres.
La también profesora de la Facultad de
Psicología de la Universidad de La Habana accedió de inmediato a conversar con
las lectoras y los lectores de nuestra página, para revelarles cómo desenvuelve
sus actividades habituales en el campo del periodismo digital y en el de la
martiana ciencia del espíritu; disciplinas a las que se ha entregado en cuerpo,
mente y alma, y percibe como fuentes inagotables de ética, humanismo y
espiritualidad.
Sin más preámbulo, los dejo en la grata
compañía de la profesora Sandra Álvarez Ramírez…
¿En
qué momento nació su vocación por el periodismo digital… y si el ejercicio de
esa nueva profesión mermó, en alguna medida, el amor a la Psicología y a la
enseñanza de la martiana ciencia?
Cuando llegué al periodismo digital no
fue por él en sí mismo, sino por mi deseo de aportar un “granito de arena” a la
causa feminista. De esa manera, comencé colaborando en Les Penélopes (http://www.lespenelopes.org), un sitio francés
periodístico con perspectiva de género, que en aquel momento, hace 4 años
atrás, tenía varias secciones en español. Allí empecé haciendo breves y llegué
a escribir una reseña sobre Habana-Babilonia,
el libro que sobre el comercio sexual escribió Amir Valle.
Más adelante fundaría mi propia “publicación”
digital, mi bloga, la que -como yo- es negra y feminista. Escribir, diseñar y
producir Negra cubana tenía que ser se
convirtió entonces en un nuevo estímulo, creo que a partir de aquí es que
surgió mi interés por el periodismo, o mejor, por aventurarme a escribir en un
medio mucho más formal como puede ser el portal de Cubaliteraria,
publicación electrónica cubana, la única dedicada por entero al libro y la
literatura y sitio oficial del Instituto Cubano del Libro (ICL).
Mi directora actual,
Diana
Fernández,
confió en mi capacidad de aprendizaje, de manera que, en febrero de este año,
me estrené en el equipo de prensa de mi editorial durante la XVII Feria Internacional
del Libro de La Habana; anteriormente trabajaba como editora […], en este
momento, alterno los dos oficios.
Mi entrada a esta labor ni siquiera
coincidió temporalmente con mi salida de la psicología, porque tengo que
aclarar que ahora mismo me vinculo solo por dos vías con la profesión que
estudié: primero soy profesora de la universalización de la enseñanza superior,
la reconocida municipalización, y segundo, como miembro de la Junta de Gobierno
de la Sociedad Cubana de Psicología, donde llevo la página web
de nuestra asociación (una bloga también).
Ahora regreso a mi entrada al mundo del
periodismo digital y a la salida de la psicología como profesión […], lo cual
podría ser contradictorio, pero mi salida fue totalmente consciente, y como le decía,
nada tuvo que ver con la labor que desempeño ahora, y mucho menos con razones
intrínsecas a mi actividad como psicóloga.
Con anterioridad, era neurocientífica […],
de manera que también estaba en los límites de la profesión, ya que requería
de conocimientos de otros saberes: la neurofisiología, la estadística y la psicofisiología,
por ejemplo.
Ahora bien, mi amor a la “ciencia del espíritu”
nunca ha estado relacionado con el estereotipo que tenemos sobre esa profesión,
más bien viene por la posibilidad de que, independientemente del lugar en que
me encuentre, pueda asirme a sus principios básicos, a los valores éticos adquiridos durante su
estudio, y los 6 o 7 años que trabajé como psicóloga.
De igual modo, la posibilidad de orientar
a las nuevas generaciones de profesionales de la psicología me sitúa en un lugar
privilegiado y hoy es lo que, de alguna manera, opera más en relación con mi
identidad como psicóloga, pues sin llegar a “psicologizar” mi labor docente-educativa,
les “echo garra” a los múltiples conocimientos que esa disciplina me aporta para
influir mucho mejor en mi alumnado.
Desde
los puntos de vista profesional, humano y espiritual, ¿qué ganó y qué perdió
con el “salto” de psicóloga a periodista?
Permítanme otra aclaración, en estos
momentos me es difícil reconocerme como periodista, al menos dentro de su “definición
conservadora”, la que aún es válida y se enfrenta cada día al “periodismo
ciudadano”, que es lo que yo vengo haciendo, sobre todo en mi bitácora. Ese
periodismo ciudadano, estimulado entre otras cuestiones por la necesidad de
intentar soluciones alternativas ante los fuertes monopolios de la comunicación,
concibe que los hechos y eventos pueden ser inteligentemente reportados,
escritos, revelados por quienes participan en ellos; ese principio es lo que
hace que personas sin formación académica como comunicadores o periodistas se
inicien en dicha labor […], casi de manera intuitiva, pero que llevan adelante,
sobre todo por la voluntad de tratar temas soslayados frecuentemente por la
prensa tradicional. Ese ha sido mi caso; por ende, no obstante trabajar
formalmente para un medio de comunicación, mi identidad todavía no fragüe.
De ese modo, prefiero recurrir al término
“bloguera” en lugar de “periodista”; a lo sumo “comunicadora”, porque, en
cierto sentido, también me des-compromete con la formalidad esperada para un
profesional de la prensa.
Sobre las ganancias y pérdidas a partir
del salto; yo aún no las he reflexionado […]; entre otras cuestiones, porque me
es difícil deshacerme de ciertas habilidades y actitudes propiciadas por
la psicología. Además, simbólicamente continúo trabajando con
la psique humana […] solo que desde
otro posicionamiento.
Sin embargo, la función que ahora
desempeño me ha puesto de frente a la posibilidad de ser menos “científica”,
elemento este que me encanta. Recuerdo que dentro de la formación como psicóloga
uno de los requerimientos (y aspiraciones) es la mencionada “objetividad” de la
información, del dato obtenido.
Por suerte, en el contexto de varias
teorías de la comunicación social se reconoce la condición subjetiva y la
intencionalidad extrema de los mensajes […], de manera que me place mucho la
posibilidad de ser más flexible, de interesarme por aquello que aunque no tenga
validez estadística […], por el hecho de ser un evento humano, vale la pena
relatarlo, describirlo o contarlo.
De los géneros periodísticos en los que ha incursionado hasta
ahora, ¿cuáles son los que más atraen su atención e interés y por qué?
La crónica,
pues me permite tratar temas de actualidad, mi bitácora está llena de artículos
de ese tipo. Sin embargo, para mi trabajo formal hago más bien notas sobre las
diferentes actividades que se planifican y tienen como objetivo central la
promoción del libro y
la literatura. Así que Negra cubana tenía
que ser me permite recurrir una y otra vez a ese género, de
hecho hay una temática que me encanta en particular y es devolver en forma de
crónica lo que sucede en los eventos académicos o talleres en los que participo,
y a los que siempre anexo mis consideraciones, sentimientos y valoraciones
objetivo-subjetivas.
De
acuerdo con su criterio, ¿es posible estructurar la labor periodística con base
en las leyes, categorías y principios sobre los cuales se sustenta la
Psicología como ciencia que estudia la vida psíquica y espiritual del ser
humano?
Sí, claro, desde los principios éticos
hasta las formas de obtener la información tienen en su base los conocimientos
psicológicos; de hecho, en la carrera de psicología se estudian varias
asignaturas vinculadas al quehacer periodístico.
Cuando hablo de la ética, es en clara
alusión a nuestra responsabilidad sobre la información que será consumida por
el público, y que sin dejar de ser intencionada y subjetiva (como expliqué más
arriba), tiene que partir del respeto a las personas receptoras y considerar
que cada una de ellas vivenciará la información de manera particular, es decir,
de manera mediatizada. Esos mismos valores me hacen celosa de guardar la
confidencialidad de los datos suministrados, velar por ofrecer una imagen digna
de los seres humanos, y en última instancia, contribuir al conocimiento o a la
reflexión sobre ciertas realidades, que quizás no sean numéricamente importantes,
pero si humanamente posibles.
En virtud de lo anterior, hay algo que
intento no hacer: tomar fotos a las personas que caminan por la calle, sin
previo consentimiento. Para mí es muy importante, pues hago foto-reportajes
(olvidé mencionarlo en la pregunta anterior), para mi bitácora, y en ocasiones,
pierdo reveladoras instantáneas, porque cuando lo pensé ya pasó el evento que
quería registrar, o porque sé que, si me acerco a mi “sujeto fotográfico”, la
conducta que me interesa se extinguirá; en consecuencia, de tomar la foto, esta
sería un simulacro de […].
Mi conflicto en esa área es análogo a
¿cómo se ve una flor más bella: en la planta que le dio la vida o en las manos
de alguien? Sin embargo, me encanta tomar fotos, es algo que siempre amé, pero ahora
que tengo mi bloga y trabajo como
periodista para Cubaliteraria, me divierto aún más, porque la gente
disfruta las imágenes que logro.
¿Algún
consejo o recomendación a los jóvenes que se inician en una u otra profesión?
Más bien una sugerencia: estudiar mucho, porque
como dice el doctor Mitchell Valdés Sosa, una de las personas más inteligentes
que he conocido: “cada día que aprendo algo nuevo me doy cuenta de todo lo que
no sé”.