En estos días de efervescencia olímpica, detrás del esfuerzo
de los atletas y entrenadores como centro de todo, hay también un alto número
de personas que trabajan en función del buen logro de este evento. Entre ellas,
los periodistas ocupan un sitial de lujo pues son uno de los importantes
eslabones de la cadena que se encarga de trasmitir e informar de todo lo que
acontece. Sin embargo, todavía no son muchas las mujeres que en nuestro país se
dedican a la esfera del periodismo deportivo. De ellas, la capitana de
capitanas, Julita Osendi, es el mejor ejemplo de perseverancia, profesionalidad
y la prueba de la capacidad femenina en este ramo. Durante años, con sus
informaciones y documentales, polémica y aguda, Julita ha sido la dueña y
señora del béisbol en el periodismo deportivo de la televisión cubana.
Por fortuna, a esta senda de trabajo y constancia, empiezan
a unirse otros nombres de mujer. Y es a la joven periodista Daily Sánchez que
queremos dedicar estas páginas. En esta ocasión le tocó cubrir la retaguardia
de sus colegas en Beijing y permanecer largas horas en los estudios de la
televisión nacional, a la caza de las informaciones
que envían desde la capital olímpica, o cubriendo a la vez más de una labor los
frentes diversos que conlleva un evento de esta magnitud. Muy agradable
interlocutora, locuaz entrevistada, inteligente y reflexiva, se le escapa un
brillo de ojos cada vez que habla del deporte o evoca un futuro que quizás
pudiera convertirla en una de nuestras mujeres narradoras deportivas. Así pues,
esta muchacha que soñó pisar alguna la grama del estadio Latinoamericano, que
ama la literatura infantil y la historia y que tiene un manto de sueños y
futuros posibles por tejer en su carrera, nos dedica un tiempo de su apretada
agenda.
Primeramente, le hago un pase del balón frente a la
portería: ¿Periodismo deportivo? Y aparece el primer gol de su respuesta.
Me hice periodista por el deporte. Y al deporte llego por mi
abuelo: El papá de mi mamá, que fue quien me crió. Mi abuelo me sentaba a ver
el deporte con él, sobre todo la pelota, y entonces, aunque es algo que uno
puede llevar hasta en la sangre, el deporte me atrajo mucho. Además, siempre
quise trabajar en algo dinámico, que no tuviera que estar sentada en una
oficina, que siempre cambiara. Por eso me gustó el periodismo y en especial el
periodismo deportivo.
Un viejo adagio en el gremio reza que los buenos cronistas
deportivos son deportistas frustrados. Lanzo al aire el disco naranja de la
pregunta y Daily hace fácil blanco con el fusil de la sinceridad y una alegre
carcajada que no la abandona durante casi toda la entrevista.
Se cumple terriblemente. Me encantaba, y me encanta, jugar
en la calle. De niña me la pasaba mataperreando, jugaba en la calle de todo:
quiquimbol, badminton, en fin... pero siempre fui muy mala, pésima como
deportista. En la secundaria hicieron una convocatoria para jugar softball,
pero en casa prefirieron mis estudios y no pude participar. No me quedé con la
duda: hubiera sido malísima igual; pero sí me quedé con las ganas de jugar.
En vientos de olimpiada, le paso el balón para hablar sobre
el deporte cubano, y mi entrevistada logra encestar desde fuera del área:
Canasta, vale tres.
Yo admiro mucho a los deportistas porque es una vida de
mucho sacrificio, de un esfuerzo tremendo. Siempre hablamos entre los
especialistas que los deportistas de este país, sin duda alguna, son de los
mejores del mundo. Y no es chovinismo: Ten en cuenta los trabajos que pasan
para una medalla o para una clasificación al más alto nivel. Para nadie es un
secreto las condiciones que a raíz del Período Especial ha enfrentado el país.
En la infraestructura, en las instalaciones, en todo, y eso influye en los
logros deportivos. Pero ahí está la familia, ahí está la voluntad que ponen las
muchachas y los muchachos y que supera
esas dificultades. Por eso los resultados del deporte cubano en el ámbito
mundial, por el valor humano de todo ese sacrificio.
También hay un prejuicio que dice que los que no tienen
éxito en la escuela son los deportistas. El bruto: Al deporte. Y yo estoy en
contra de esa idea. Se habla de diversos tipos de inteligencia y un deportista
tiene las facultades, la inteligencia específica para lograr determinados
resultados con su cuerpo, con la asimilación de una técnica, que no puedo
lograr yo. Sólo puedo narrar, describir y emocionarme con lo que ellos hacen.
Yo no puedo saltar 2 metros y 45 centímetros; y eso lo admiro. Esa capacidad la
tienen sólo los deportistas y es muy respetable.
En la pista, dando ya la segunda vuelta al óvalo de la
entrevista le digo que mire hacia adelante y busque algún ejemplo para su
carrera, y me contesta sonriente mientras se acerca veloz a la meta:
Sin duda alguna: Julia Osendi. Ella siempre me dice, y es
mucha verdad, que yo no he pasado ni la mitad de las cosas que le tocó
enfrentar a ella. Le tocó abrir el monte, ella fue la que empezó a hacer el
camino en la televisión, que es un medio muy complicado. Y ya hay un camino.
Todas las muchachas a las que nos gusta el deporte decimos: Como Julita Osendi,
por ser mujer y porque cubre el deporte nacional: la pelota. Además de su labor
como realizadora de documentales y todo su trabajo periodístico. Por la
voluntad, por como ha luchado siempre ante todo lo que tuvo que enfrentar y
romper todo el machismo que había y que queda.
Y en el periodismo en general, mi otro modelo es Guillermo
Cabrera Álvarez. En el año que tuve en suerte conocerlo me cambió la vida. Como
profesional y como persona y más que cambiarme me reafirmó cosas, me reencontré
otras y me ayudó mucho. En especial con mi tesis, que no fue sobre el deporte
sino que me despertó de nuevo mi gusto por la historia. Todo lo que me
escribió, los correos, los consejos, lo guardo porque son para mi clases de
periodismo. Lo conocí solo un año pero fue espectacular. Estar a su lado era
aprender.
En la palanqueta quedan un par de preguntas más. La primera,
sobre su labor como periodista deportiva, más en el apogeo de unos Juegos
Olímpicos. Daily levanta en peso y sin visibles dificultades el primer
argumento:
En la escuela te enseñan que lo más importante es lo que tú
dices y no una misma. Y a veces hay a quienes eso se les olvida con el tiempo.
Al final, lo más importante y por lo que todo el mundo está ahí trabajando es
para que el deporte vaya adelante. No importa lo que estés haciendo: Si hablas
de boxeo, de volleyball, o si cubres los juegos escolares más sencillos. Todo
eso forma parte de un todo: El deporte cubano. Y todos estamos ahí para que las
cosas salgan lo mejor posible. A mí, el papel que me toque, lo trato de hacer
de la mejor manera.
Desde el montículo, le envío la última pelota entre signos
de interrogación. Una recta al centro de la goma, a la velocidad de las noventa
millas del futuro. ¿Cuándo te escucharemos narrar un juego de béisbol en la
televisión cubana?
Eso es muy difícil. Yo pasé el curso de narrador
comentarista. En ese mismo curso, con el propio béisbol, que es de lo que uno
más sabe, me pasó embargo que me fue muy difícil el examen a la hora de narrar.
Porque es un deporte muy lento, porque la televisión no tiene el mismo lenguaje
y no se narra igual que en la radio donde puedes describirlo todo y nadie está
viendo lo que describes. La televisión es diferente, tiene otro ritmo de
narración, tienes que comentar y saber mucho. Además, ahora mismo todos los
patrones son masculinos. Por supuesto, cuando se comienza a narrar, una tiene
algún estilo que sigue, que imita, y luego se va encontrando el propio modo de
hacerlo. Y hasta ahora me ha resultado muy difícil: ¡Imagínate imitar la voz de
Héctor Rodríguez y narrar un jonrón con ese modelo! Te digo que he practicado,
que me estoy esforzando; mira, en la emisora radial de la capital, la COCO, hay
planes de empezar a narrar alguna entrada en la próxima serie provincial, para
entrenarme. Quiero hacerlo, pero todavía no logro que me quede como le debe
quedar a una mujer narradora. Sí quisiera y voy a intentarlo. Todavía es un
sueño pero creo que pudiera lograrlo.
De todas maneras, ante el batazo enorme que constituye su
respuesta, y ya que hablamos de sueños posibles, podemos decir que la bola se
va alejando, se eleva, se va, se va, ¡y se fue de jonrón! Pero esta vez, que
sea un jonrón dicho con voz de mujer.