El Gobierno del presidente José Luis Rodríguez Zapatero se
ha visto obligado a reforzar la ley sobre la violencia de género, pues esta no
cesa y las asesinadas en 2006 sobrepasaron con creces las del año precedente.
Tan cruel y horroroso como el asesinato de mujeres es la
creciente ola de maltrato físico o psicológico que afecta a una cantidad de
personas difícil de cuantificar, pues una gran mayoría no pone denuncias por
temor o vergüenza.
El Consejo de Ministros aprobó el pasado 15 de diciembre un
Plan Nacional de Sensibilización y Prevención de la
Violencia de Género, que incluye más de una veintena de medidas específicas para
intentar atajar el creciente problema, insólito en una sociedad ilustrada.
Increíblemente, las autoridades han tenido que recurrir a un
método aplicado generalmente a convictos en libertad provisional, como son los
dispositivos (pulseras) de seguimiento y vigilancia que los enjuiciados por
maltrato, sentenciados a mantenerse lejos de sus víctimas, deberán usar
obligatoriamente.
Entre las 20 medidas está prevista además, la creación de
más juzgados especializados y de protocolos sanitarios para detectar el
maltrato, diversos programas de rehabilitación de maltratadores
para evitar su ingreso en prisión, e incremento de la protección judicial.
Pero quizás lo más importante es lo que el Gobierno denomina
“fomento de sensibilización social”. El plan incluye la asignación de 222
agentes más de Policía y Guardia Civil en 2007 dedicados a la lucha contra
estos crímenes.
Además, la creación de 42 juzgados exclusivos más,
asistencia letrada gratuita las 24 horas del día a las víctimas, teléfono único
y gratuito de información y atención a las afectadas, aplicación de un
protocolo de atención sanitaria en todos los centros de salud para detectar
casos de violencia de género. A ello se agrega el lanzamiento de planes
concertados con empresas para dar empleo a las mujeres amenazadas y
maltratadas.
Los médicos apoyarán esos planes, sobre todo los de atención
primaria: cuando estimen que una paciente sufre violencia a manos de su pareja
o ex pareja, incluirán esa sospecha en su historia clínica, de carácter
confidencial.
La idea es que esa anotación pueda servir como prueba ante
el juez de que, efectivamente, una mujer ha sido maltratada físicamente. El
Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas dan los toques finales a ese
"Protocolo Común", como ha sido bautizado.
El objetivo de dicho protocolo es mejorar la detección del
maltrato y la atención sanitaria que reciben las mujeres que padecen violencia
doméstica. La iniciativa se debe a la
Comisión contra la Violencia de Género, un grupo de trabajo
creado en el seno del Consejo Interterritorial del
Sistema Nacional de Salud.
Lo importante del dispositivo es que traza las pautas de
actuación en los casos de violencia específica contra las mujeres, no sólo para
la atención y seguimiento de hechos agudos, sino también para la prevención y
detección precoz de la violencia.
El nuevo protocolo, que uniforma la pauta a nivel del
Estado, se ciñe a la atención de los profesionales sanitarios ante cualquier
caso de violencia que sufran las mujeres a partir de los 14 años, al margen de
quien sea el agresor, pero se centra especialmente en la violencia familiar y
de pareja. Esto último responde a que son estas las formas de violencia de
género más comunes en España. También incluye un capítulo sobre agresiones
sexuales.
El texto señala que las mujeres maltratadas acuden con más
frecuencia al policlínico o ambulatorio que el resto de la población, pero no
suelen manifestar ni hablar de su situación de forma espontánea, especialmente
cuando no hay lesiones físicas a la vista.
Al parecer, es en la atención primaria donde se dan las
condiciones más favorables para detectar a las mujeres en situación de
violencia, así como de prevenir y frenar las consecuencias del maltrato en la
salud y el bienestar de la mujer.
Sin embargo, el personal sanitario debe informar a las
autoridades sólo cuando el maltrato es confirmado, e incluso se propone un
modelo único de parte de lesiones y de informe médico, además de prever que se
puedan adjuntar fotos de la golpeadura.
Sin aplicar aún esos protocolos, la violencia machista le cuesta
al Estado español 2.400 millones de euros al año, según las autoridades
nacionales. Ese monto cubre el gasto sanitario, judicial, policial y las
ausencias laborales, entre otros factores.
El protocolo sanitario también toma en consideración el bienestar
de las mujeres y de sus hijos, a corto, medio y largo plazos, en razón de que
las agresiones físicas acarrean otros problemas como el dolor crónico de cuello
o espalda, trastornos gastrointestinales, digestivos y ginecológicos.
Igualmente provocan síntomas neurológicos recurrentes, como
jaquecas o migrañas, síntomas depresivos, ansiedad, trastorno de estrés
postraumático, baja autoestima e ideación suicida. Ese estado de ánimo se puede
transmitir a los hijos, por lo que la violencia puede llegar a tener
importantes consecuencias en la salud y bienestar de los niños, pudiendo llegar
a alterar su desarrollo integral o sus procesos de aprendizaje y socialización,
entre otros, según el documento.
"En todos los casos de maltrato a la mujer por parte de
su pareja o ex pareja, es preciso conocer si los hijos o hijas son también
víctimas de violencia y o las consecuencias de crecer en un ambiente de
violencia", señala el texto.
La Secretaría Federal de Igualdad del PSOE, Maribel Montaño,
considera que las medidas urgentes y el Plan de Prevención y Sensibilización suponen la movilización social contra el
agresor del maltrato.
Con el Plan, afirmó, queremos
dar poder a las mujeres frente a un fenómeno social muy complejo, ya que es el único
delito en el que la víctima se siente culpable y en muchas ocasiones no
denuncia.
La aprobación del Plan de Sensibilización marca la etapa
final de la puesta en marcha de todos los mecanismos de la
Ley Integral contra la Violencia de Género, aprobada por el Gobierno
de Zapatero. Está ahora por determinar su efectividad.
Sintomáticamente, el día de su aprobación murió una mujer
acuchillada por su esposo. La número 64 en 2006.
(*El autor es corresponsal de Prensa Latina en España)